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La tribu postpartum

A mediados de abril de este año empecé a sentirme recuperada de mi segundo postparto, mi bebé a punto de cumplir su primer añito ya no me demandaba exageradamente tanto y entonces fue cuando empecé a pensar de nuevo como podría hacer realidad el proyecto.

Al poco de nacer Oliver, el bebé de Gi, en casa. Pensé en ella, poder fotografiarla, hablar con ella del momento que estaba viviendo, de sus marcas de guerra, de normalizar el cuerpo de la mujer-mamá en esta etapa de nuestras vidas… Y su respuesta fue un rotundo Sí.

Así pues empezamos a hablar del tema, a pensar que igual había más mamás que se prestarían a enseñar sus cuerpos postpárticos y sorprendentemente logramos reunir a bastantes. El proyecto iba cogiendo forma, ya éramos varias mamás y teníamos fecha: el 22 de mayo.

Ese día me desperté tranquila, contenta y emocionada del día que tenía por delante. Segura de mi misma y de mi proyecto. Empezaron a llegar las mamás, entre ellas no se conocían, yo personalmente las conocía a todas, a unas más y a otras menos. Sorprendentemente todo fue como la seda desde el minuto 1. Las mamás llegaron seguras de ellas mismas también, dispuestas a cambiar la manera de ver nuestros cuerpos, seguras de enseñárselos al mundo. Todas ellas llegaron con unas ganas tremendas de conocer a las demás, de saber con quien iniciarían este viaje juntas. Con una empatía tremenda afrontaron todas los primeros minutos después de conocerse. Como si se conocieran de toda la vida empezaron a explicarse sus partos, sus lactancias exitosas y las que no también, sus partos…

Poco a poco las fui llamando una a una, dentro del estudio hablé con cada una de ellas, me contaron cómo había cambiado su cuerpo después del parto, me enseñaron sus marcas de guerra mientras yo las fotografiaba, luego les hice entrar con sus maridos e hijos y la magia del momento se hizo palpable. Con ellos se sentían aun más seguras, más amadas, más ellas. Pues ellos, en definitiva, son su razón de vivir, de levantarse cada día con una sonrisa bien amplia.

Después comimos en plan familia extra numerosa, todos juntos de pie alrededor de una mesa, seguimos compartiendo experiencias, historias, risas… Y después de comer decidí reunirlas a todas en el estudio, sentadas en el suelo, tranquilas, cómodas, con nuestros bebés… Ya hacía horas que estábamos reunidas, pero en ningún momento todas juntas y solas para hablar de nuestras cosas.

En este momento la Tribu se hizo patente, ya teníamos la suficiente confianza entre todas para hablar, devorar temas, vomitar situaciones extremas y descubrirnos definitivamente.

Más que un proyecto personal, finalmente fue una experiencia grupal, sin ellas no hubiera sido posible. Cada una de ellas es una mamá maravillosa, dispuestas a cambiar el mundo desde su propio yo, desde su propia maternidad.

Todas nosotras somos Proyecto Postpartum.

Todas somos Tribu Postpartum.

 

 

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